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Análisis / Instituciones y capacidades · Diseño de investigación · Reproducibilidad y calidad

Capacidades para investigar: lo que una institución puede sostener

Cómo evaluar las funciones, condiciones y prácticas que permiten producir y utilizar evidencia más allá de contar publicaciones o capacitaciones.

Una institución puede aumentar sus publicaciones y continuar dependiendo de una sola persona para analizar sus datos. También puede capacitar a numerosos profesionales sin conseguir que dispongan de tiempo, acompañamiento o información para aplicar lo aprendido. Ambos resultados merecen atención: muestran actividad y, al mismo tiempo, dejan abierta la pregunta sobre la capacidad que efectivamente se ha construido.

Evaluar esa capacidad exige observar cómo se organiza el trabajo. ¿Puede la institución formular una pregunta pertinente, desarrollar una investigación con controles de calidad, conservar sus materiales y utilizar sus resultados? ¿Qué parte de ese proceso permanece disponible cuando termina el financiamiento o cambia el equipo?

Proponemos evaluar la capacidad institucional mediante las funciones de investigación que la organización logra sostener y la evidencia que permite comprobarlas. Las publicaciones, los proyectos y las capacitaciones aportan información, pero necesitan interpretarse junto con las condiciones que hicieron posible producirlos y aprovecharlos.

La actividad visible y la capacidad que la sostiene

Cooke (2005) propuso evaluar el fortalecimiento de capacidades mediante seis principios: desarrollo de habilidades y confianza, vínculos y asociaciones, proximidad con la práctica, difusión apropiada, infraestructura y continuidad. Su marco distingue niveles individuales, de equipo, organizacionales y supraorganizacionales. El planteamiento amplía la evaluación hacia las condiciones y relaciones que permiten investigar, además de sus productos más visibles.

Esta distinción ayuda a interpretar situaciones frecuentes. Un curso acredita una actividad formativa. Una mejora demostrada al resolver una tarea aporta evidencia de aprendizaje. La aplicación de esa habilidad en investigaciones posteriores permite examinar su uso. Son observaciones relacionadas, aunque cada una responde una pregunta diferente.

Podemos ilustrarlo con una situación hipotética. Una organización forma a veinte profesionales en análisis de datos. Al finalizar, todos completan el programa y valoran favorablemente su contenido. Meses después, únicamente dos utilizan lo aprendido porque los demás carecen de acceso a bases, tiempo asignado o supervisión metodológica. La formación pudo haber sido adecuada; el resultado institucional requiere examinar también esas condiciones.

La decisión posterior dependerá del diagnóstico. Otro curso podría atender una necesidad real de aprendizaje. Si el problema principal está en el acceso a datos o la organización del trabajo, habría que intervenir sobre esos obstáculos y comprobar si disminuyen.

Las capacidades se relacionan entre niveles

Mirzoev et al. (2022) desarrollaron un marco de fortalecimiento sistémico para la investigación en políticas y sistemas de salud. Su propuesta conecta capacidades individuales, organizacionales y de redes, reconociendo sus interacciones y la influencia del contexto. Se trata de un marco conceptual, útil para organizar el análisis, cuya aplicación requiere interpretar las condiciones del entorno evaluado.

Para una institución, esto plantea una pregunta sobre la dependencia. Una persona puede dominar una técnica que nadie más utiliza, conservar archivos fuera de los sistemas compartidos o mantener relaciones de colaboración que no han sido transferidas al equipo. Su contribución tiene valor. La evaluación debería establecer cuánto de ese conocimiento puede seguir movilizando la organización en su ausencia.

La colaboración externa también puede fortalecer capacidades. Contratar especialistas, participar en redes o compartir infraestructura puede ser una decisión razonable. Lo que proponemos examinar es si la institución puede definir el encargo, comprender sus decisiones técnicas, revisar los resultados y conservar los materiales necesarios para utilizarlos. La autonomía se expresa también en la capacidad de gestionar colaboraciones de manera informada.

Qué podemos aprender de los instrumentos existentes

Holden et al. (2012) estudiaron las propiedades de la herramienta Research Capacity and Culture (RCC), orientada a medir capacidad y cultura de investigación en niveles individuales, de equipo y organizacionales. Su validación se realizó con profesionales de áreas de salud afines. El instrumento ofrece un antecedente para estructurar la medición; trasladarlo a otra población, idioma o sector exige examinar su pertinencia y sus propiedades de medición.

Las respuestas a un cuestionario permiten conocer percepciones sobre habilidades, apoyos o condiciones de trabajo. Proponemos contrastarlas con evidencia del funcionamiento institucional. Si un equipo considera que dispone de apoyo estadístico, por ejemplo, conviene revisar cómo lo solicita, cuánto espera y qué investigaciones han podido utilizarlo.

Una revisión metodológica publicada en julio de 2026 identificó nueve marcos de evaluación de capacidades de investigación en entornos de salud. Entre 37 artículos que cumplieron los criterios para estudiar su utilización, 31 empleaban el marco de Cooke. Los autores encontraron diversidad en el desarrollo y uso de los marcos, frecuentemente aplicados de manera parcial (King et al., 2026). Ese resultado documenta su utilización dentro del corpus estudiado; no establece una superioridad universal de un marco ni su validez para cualquier institución.

Examinar funciones mediante investigaciones concretas

A partir de estos antecedentes, proponemos organizar un diagnóstico alrededor de cuatro funciones. Es una propuesta de análisis que necesita adaptación y prueba, no una escala institucional validada.

La primera es formular y priorizar problemas investigables. Conviene revisar cómo se seleccionan las preguntas, quiénes intervienen y qué información respalda las prioridades. Un listado de temas puede reflejar intereses legítimos; los protocolos y las decisiones documentadas permiten examinar cómo se transformaron en investigaciones viables.

La segunda es producir evidencia con controles de calidad. Aquí interesa conocer qué sucede durante el trabajo: revisión de instrumentos, supervisión de campo, depuración de datos, discusión de decisiones analíticas y resolución de observaciones. Una norma escrita muestra que existe una disposición formal. Los expedientes de proyectos permiten comprobar cómo se aplicó.

La tercera es conservar y transferir el conocimiento producido. Proponemos verificar si otra persona autorizada puede localizar los materiales, entender la estructura de la base y reconstruir los resultados principales con la documentación disponible. Ese ejercicio aporta evidencia sobre la continuidad del trabajo. Debe respetar las restricciones de confidencialidad y acceso correspondientes.

La cuarta es interpretar y utilizar evidencia. Una organización puede producir investigaciones y encontrar dificultades para incorporarlas a sus decisiones. También puede utilizar rigurosamente estudios elaborados por terceros. El diagnóstico debería reconocer ambas actividades y evaluar qué capacidades exige cada una.

Estas funciones pueden observarse siguiendo investigaciones concretas desde su formulación hasta su utilización. La selección de casos debe explicarse: revisar únicamente proyectos exitosos ofrecería una imagen incompleta del funcionamiento institucional.

Utilizar evidencia tampoco equivale a aceptar una recomendación

Oliver et al. (2014) encontraron que las barreras reportadas para utilizar evidencia incluían dificultades de acceso a investigaciones pertinentes y de calidad, así como falta de resultados oportunos. Entre los facilitadores aparecían colaboración, relaciones y habilidades. La revisión también señaló limitaciones en las definiciones y en la evidencia disponible sobre los procesos de decisión. Estos hallazgos ayudan a formular preguntas de evaluación, sin demostrar que una intervención aislada producirá los mismos efectos en cualquier organización.

Para examinar el uso proponemos reconstruir decisiones específicas. ¿Qué investigación se consultó? ¿Cómo se valoraron sus limitaciones? ¿Qué alternativas se discutieron? Una decisión puede apartarse de una recomendación por restricciones presupuestarias, consideraciones distributivas u otros motivos. La capacidad de utilizar evidencia incluye explicar esa deliberación.

La evaluación del impacto añade otra dificultad: una investigación puede contribuir a cambios junto con otras iniciativas y durante períodos prolongados. Greenhalgh et al. (2016) revisaron enfoques para estudiar esos impactos y sus restricciones, incluyendo la complejidad de la atribución y los recursos necesarios para investigarla. Por tanto, una cita en un documento institucional puede ser un indicio de uso, pero necesita contextualizarse para sostener una afirmación sobre influencia o impacto.

Un diagnóstico útil debe distinguir ausencias de evidencia y debilidades comprobadas

Si no se encuentra documentación sobre revisión metodológica, todavía hace falta establecer qué significa esa ausencia. Quizás la revisión no ocurrió; quizás se realizó de manera informal; quizás existe un problema de archivo. Cada explicación sugiere una acción diferente.

Proponemos registrar por separado lo observado, la fuente utilizada y lo que permanece sin comprobar. Las entrevistas pueden identificar prácticas informales; los documentos muestran procedimientos y decisiones; las tareas de reconstrucción permiten comprobar determinados desempeños. La evaluación gana solidez cuando las discrepancias entre esas fuentes se investigan.

También conviene evitar que un promedio oculte una función crítica. Una institución puede obtener buenas valoraciones en formación y colaboración, pero mantener dificultades importantes para gestionar sus datos. Antes de asignar pesos y producir una puntuación global, necesitamos justificar qué representa el conjunto y qué debilidades no deberían quedar compensadas por otras fortalezas.

El seguimiento posterior debería comprobar cambios definidos. Si se identificó una dependencia excesiva de una persona, por ejemplo, interesa observar si se transfirieron procedimientos, se documentaron análisis y otros integrantes pueden ejecutar las tareas. Contar las reuniones realizadas para atender el problema aportaría información sobre actividad; comprobar esos desempeños permitiría evaluar el avance buscado.

La literatura citada procede principalmente del sector salud. Sus marcos ofrecen antecedentes para otras organizaciones, pero requieren adaptación. Este artículo no presenta una validación de indicadores ni una evaluación empírica de una institución específica.

Una publicación puede ser un logro importante y una capacitación puede abrir posibilidades duraderas. Evaluar capacidades permite comprender qué organización se está construyendo alrededor de esos resultados. La capacidad que interesa sostener es aquella que permite volver a investigar, revisar lo realizado y utilizar el conocimiento cuando cambian las personas, los recursos o las prioridades.

Referencias

Cooke, J. (2005). A framework to evaluate research capacity building in health care. BMC Family Practice, 6, artículo 44. https://doi.org/10.1186/1471-2296-6-44

Greenhalgh, T., Raftery, J., Hanney, S., & Glover, M. (2016). Research impact: A narrative review. BMC Medicine, 14, artículo 78. https://doi.org/10.1186/s12916-016-0620-8

Holden, L., Pager, S., Golenko, X., & Ware, R. S. (2012). Validation of the research capacity and culture (RCC) tool: Measuring RCC at individual, team and organisation levels. Australian Journal of Primary Health, 18(1), 62–67. https://doi.org/10.1071/PY10081

King, O. A., Ottrey, E., Conlin, M., Yoong, S. L., Wong Shee, A., West, E., Alston, L., Porter, J., & Huggins, C. E. (2026). The development and utility of frameworks designed to evaluate research capacity building initiatives in healthcare settings: A methodological review. Health Research Policy and Systems, 24, artículo 60. https://doi.org/10.1186/s12961-026-01511-3

Mirzoev, T., Topp, S. M., Afifi, R. A., Fadlallah, R., Abrahams Obi, F., & Gilson, L. (2022). Conceptual framework for systemic capacity strengthening for health policy and systems research. BMJ Global Health, 7(8), e009764. https://doi.org/10.1136/bmjgh-2022-009764

Oliver, K., Innvar, S., Lorenc, T., Woodman, J., & Thomas, J. (2014). A systematic review of barriers to and facilitators of the use of evidence by policymakers. BMC Health Services Research, 14, artículo 2. https://doi.org/10.1186/1472-6963-14-2